Sefarad 84 (1)
enero-junio 2024, 1244
ISSN-L: 0037-0894, eISSN: 1988-320X
https://doi.org/10.3989/sefarad.024.1244

RESEÑA DE / REVIEW OF: GOMELAURI, Thea. The Lailashi Codex. The Crown of Georgian Jewry. With a contribution by Joseph Ginsberg. Oxford (UK): Taylor Institution Library, 2023.- ISBN: 9781838464158.- 210 págs.

Elvira Martín-Contreras

ILC, CCHS, CSIC

https://orcid.org/0000-0001-6217-9390

Este estudio de Thea Gomelauri rescata del olvido el Códice Lailashi, un pentateuco masorético previamente examinado por Gerard E. Weil y Anne-M. Gueny, cuyos detalles fueron publicados en el artículo «Le manuscrit du Pentateuque de Tbilisi. Aspects paléografique, codicologique et massorétique» (Philologia Orientalis 4, 1976, págs. 178-209). Gomelauri actualiza y amplía el estudio del códice mediante numeroso material novedoso, como los folios descubiertos e identificados como pertenecientes al mismo en la Biblioteca Nacional de Israel.

El libro se divide en dos partes bien diferenciadas: una primera sobre la historia y vicisitudes del códice, y una segunda centrada en su descripción y estudio.

La primera parte del libro comienza situando geográficamente el pueblo de Lailashi, que da nombre al códice (anteriormente conocido como Biblia de Svan), en las montañas al oeste de Georgia. A continuación, la autora, en un lenguaje ameno y con una narración detectivesca, ofrece el recorrido histórico del manuscrito basándose en evidencias documentales, desde la primera mención escrita al manuscrito a cargo del etnógrafo judío Joseph Judah Chorny en 1884 hasta los últimos documentos de 2015, incluyendo un intento de robo en los años 90. El periplo del códice durante el periodo soviético es minuciosamente detallado. El códice fue confiscado a la comunidad de Lailashi entre 1938 y 1939 y depositado en el museo judío histórico-etnográfico fundado en Tsibili cinco años antes, destinado para promover el odio a las fuerzas oscuras, es decir, «a los rabinos y estudiosos de la Torá que influían la vida de las comunidades». El códice Lailashi, junto con la Biblia Bret, era considerado «fuente de engaño y expolio de la clase obrera» (pág. 32). Desde ese momento, el códice sirve a los propósitos anti-religiosos y campañas educacionales del gobierno soviético. Permanece en este museo hasta su cierre definitivo en 1951, cuando fue transferido, junto a otros libros judíos, al Museo Estatal de Historia de Georgia. Allí permanecerá almacenado hasta la creación del departamento de manuscritos en 1958. Será a partir de este momento cuando, de la mano de Giorgi Tsereteli, el códice sea desempolvado y presentado al mundo en 1968 con un gran anuncio en inglés, «Russians find in Georgia of Tenth Century Pentateuch Manuscript» (pág. 49). Será también Tsereteli el primero que estudie el códice y publique sobre él, e invite a Weil y Gueny a participar en el estudio crítico y la edición del mismo. Estos estudios constituirán la información disponible sobre el manuscrito (datación, proveniencia, descripción codicológica y paleográfica) hasta la publicación del presente libro. Entre los avatares finales que se mencionan está el intento de robo del manuscrito tras el colapso de la Unión Soviética (págs. 55-56), su inclusión una exposición fallida en EE. UU. (págs. 57-62), y la realización de la edición facsímil del códice (págs. 63-66), publicada para uso del Centro Nacional de Manuscritos de Georgia, donde se guarda el códice en la actualidad. La cuestión sobre la proveniencia del códice (págs. 85-89) y el relato de Joseph Ginsberg sobre cómo descubrió tres hojas faltantes del Códice Lailashi en la Biblioteca Nacional de Israel (págs. 90-93) cierran esta primera parte.

La segunda parte del libro ofrece una descripción detallada del códice Lailashi. Se trata de un manuscrito incompleto del Pentateuco, escrito en escritura cuadrada oriental y tinta oscura, a tres columnas (excepto el canto del mar, Ex 15,1-19, y el canto de Moisés, De 32, 1-43, que están escritos de acuerdo a las normas establecidas para la copia de estos pasajes poéticos), con vocalización tiberiense, con las anotaciones de Masorah Magna y Masorah Parva y de unas dimensiones mayores que el códice de Alepo, de Leningrado y el Or. 4445 (pág. 97). El número de folios del códice en la actualidad es de 169, a los que hay que sumar los 3 en la Biblioteca Nacional de Israel. El códice contenía originalmente 188 folios, por lo que faltan 16, 12 de texto bíblico y los 4 folios finales probablemente con el colofón y listas masoréticas (págs. 98-100). El códice contiene indicaciones en los pasajes que marcan la mitad del Pentateuco en palabras, versículos y letras (págs. 114-116) y en los que marcan la mitad de los libros, excepto el de Números (págs. 116-118), toda ellas ornamentadas; indicaciones de las perícopas semanales (parašiyyot) en el margen con la palabra פרש y decoradas (págs. 120-132); y frases mnemotécnicas para designar algunas perícopas (págs.133-136).

La autora destaca dos aspectos del manuscrito que lo hacen especial: su disposición y sus masoras en forma figurada o micrografías. El manuscrito pertenece al reducido grupo de los manuscritos de la Biblia hebrea conocidos como Vavei Haʿamudim, porque cada hoja del códice comienza con palabras que empiezan por la letra vaw, excepto en seis casos específicos que varían ligeramente según la tradición. El códice Lailashi sigue la tradición oriental y se desvía de la regla en Ge 1,1, 49,14, Ex 14,28, De 16,18, 23,24, y 31,28. La planificación minuciosa hace que la mitad del Pentateuco coincida con la primera línea de la primera columna del folio central del manuscrito. En cuanto a la masora en forma figurada, ésta aparece en 23 folios, al inicio y final del códice, al principio y final de cada libro bíblico y en las secciones poéticas, en cualquiera de sus márgenes. Los motivos son variados: gotas de lágrimas predominantemente en los folios iniciales y finales del manuscrito; semicírculos, círculos, triángulos, zigzags, etc.; y guardan cierta similitud con algunas de las composiciones de las páginas tapiz del códice de Leningrado.

Al igual que en la primera parte, esta segunda sección concluye con el estudio de Joseph Ginsberg, quien analiza en detalle los tres folios conservados en la Biblioteca Nacional de Israel. Ginsberg compara el canto de Moisés (Haʾazinu) en los códices de Lailashi y Alepo, destacando características únicas del primero (págs. 172-185).

El libro es claro y didáctico. Las diferentes tablas y figuras elaboradas por Gomelauri son muy útiles para visualizar algunos de los aspectos del manuscrito que trata más en profundidad (listadas en la pág. 191). Su atención a los detalles de la masora y los estudios comparativos son especialmente valiosos. Las numerosas imágenes de la masora figurada y folios del manuscrito permiten apreciar la belleza y unicidad del manuscrito, que se puede consultar al completo en blanco y negro en el sitio web KETIV (https://www.nli.org.il/en/manuscripts/NNL_ALEPH990001748120205171/NLI?volumeItem=2#$FL81030630) y también alguna hoja en color (https://www.nli.org.il/en/manuscripts/NNL_ALEPH990001748120205171/NLI#$FL204988226).

Una cuestión que llama la atención es la relativa a las diferentes manos y escribas. La primera mención a dos escribas interviniendo en el manuscrito aparece en la página 121 en relación con la indicación de las parašiyyot y su actividad como correctores de pruebas. Previamente no había habido ninguna referencia a la paleografía, si exceptuamos el cuadro con la composición del manuscrito en el que se indica un folio «written by a different hand» (pág. 104). Pero al no ahondar en este tema, no se sabe si esta mano es una de las dos que la autora describe y nombra como Abraham y Benjamin (generando cierta confusión en algunas ocasiones) o una tercera. Si tenemos en cuenta que Weil menciona también «al menos dos manos diferentes» en la copia de la Masora («Le manuscrit du Pentateuque», pág. 187), parece necesario un estudio paleográfico en profundidad.

La autora no repite algunos aspectos codicológicos y paleográficos previamente estudiados por Weil en detalle, por lo que su artículo se convierte en complemento necesario de este libro. Así, por ejemplo, se entendería mejor la afirmación de la autora en la página 95 «The first quaternion different from the rest of the manuscript», que cobra sentido cuando consultamos la tabla-resumen de los cuadernos en la pág. 184 del artículo y comprobamos que solo el primer cuadernillo es un quaternion y el resto son quiniones.

En definitiva, el Códice Laihali es una obra de gran valor dentro del corpus de las biblias masoréticas, y el estudio de Thea Gomelauri representa un avance significativo en la comprensión de este manuscrito. Este libro no solo recupera la memoria de un importante manuscrito, sino que también sienta las bases para investigaciones más profundas y especializadas sobre este manuscrito singular.